Mi vida emprendedora [parte uno]

Resulta que cuando fui mamá por primera vez en junio del 2008, me di cuenta a que no quería volver a trabajar en una oficina ni estar lejos de mí bebe.
En ese momento trabajaba en una Agencia de Viajes. Era de lo que me habia recibido y tenia muchas posibilidades de crecer profesionalmente. Pero trabajaba horario cortado y 8-10 hs por día, de lunes a sábados.

Tomamos la decisión y renuncié a mi trabajo

Pero yo, acostumbrada a trabajar siempre y hasta ese momento tener mi propio dinero, ser ama de casa me costó bastante.

Cuando nació mi 2da hija en el 2011, me di cuenta que algo tenía que hacer. Durante ese tiempo había aprendido a coser, cocinar y un montón de otras cosas más.

También me daba cuenta que me gustaba escribir. Entonces abrí un blog. Comencé escribiendo sin saber cómo o para qué.
Luego fui aprendiendo esto del trabajo online y cada vez me fui metiendo más. Y llegué al punto en que descubrí lo que realmente me gustaba hacer.
Fue revelador, porque siempre asocie trabajo con obligación, obligación con cero o casi nada de disfrute.

Me di cuenta que trabajar en algo que a uno le gusta estaba genial

No era irreal ni algo que solo escuchabas decir a algun iluminado (que coincidentemente era actor, o no se, le pagaban por viajar, alguna cosa de esas).
Puedo parecer una “iluminada” de esas, pero con solo decirte que me levantaba a las 05.30 – 06.00 am todos los días , te podes dar una idea que realmente lo disfrutaba.

Creo que me fue bastante bien, a juzgar por el reconocimiento e ingresos que tenía. Hasta que el año pasado (2015), después de 11 años me separé del papa de mis hijos. Si bien no fue una separación traumática ni mucho menos, fue un cambio en todo sentido.

Desde hacerme cargo de la economía de mi casa yo sola, a decidir dejar de educar en casa a mi hijo y llevarlo a una escuela, a tener que sortear hs. De trabajo mientras evolucionaba emocionalmente y hacia el duelo que a veces uno piensa que ya está, pero no. Sigue ahí hasta quien sabe en qué momento se va.

Eran horas / culo. Si no me sentaba a trabajar no ganaba suficiente dinero. Si no ganaba dinero, no tenía para cubrir gran parte de nuestros costos. Si me sentaba demasiado, mis hijos comenzaban a demostrar que no les prestaba atención y se volvían más demandantes. Era hacer malabares constantes entre : sentarme para generar dinero = estar con mis hijos = terminar con lo que ya me habian pagado = incapacidad para concentrarme = vivir.

Y todo esto, repito, con todos los cambios internos que lleva una persona mientras cambia de estado y de vida.

Fue tanto el stress que preferí alejarme un poco del ser emprendedor y relajarme con un trabajo en relación de dependencia.

Era la primera vez que dejaba a mis hijos 8hs. con una niñera

No iba a estar cuando se levantaran, ni hacerles el desayuno o prepararlos para la escuela, etc.
Pero en ese momento prefería eso antes que estar estresada y no “estar” presente y conectada con mis hijos.
Y así fue como me convertí en una mama más que trabaja fuera de casa. La verdad de las verdades es que nunca soñé esto. Es más, las admiraba por la fuerza y el sufrimiento que llevaba, pero nunca quise estar en su lugar.

Me frustré un poco el hecho de defender el emprendedorismo (esta es la traducción del entrepeneurship!?) , del poder femenino y de todo lo parecido.

Pero la verdad es que otra vez, haciendo duelos personales, cambiando paradigmas y alejándome de los ideales, tuve que bajar cabeza y decir: ESTO es por ahora. Hoy tuve que elegir esto por este motivo. En un tiempo se verá a ver qué tal.

Y así fue…

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